En la segunda ciudad colombiana, hay recorridos para visitar los lugares emblemáticos del capo naco, a 25 años de su muerte. La autoridades lo rechazan.

Medellín está considerada como una de las ciudades más innovadoras del mundo y es la cuna de exitosos artistas, como el pintor Fernando Botero, el director de orquesta Andrés Orozco-Estrada o los cantantes Maluma y JBalvin. Pero eso no ha sido suficiente para que la segunda ciudad más grande de Colombia haya dejado atrás el estigma que dejó la guerra contra el narcotráfico de los años 80 y 90 y tampoco ha evitado que siga siendo un destino ligado a Pablo Escobar, de cuya muerte se cumplen ahora 25 años. El emporio construido por el líder del temido Cartel de Medellín dejó en la ciudad sitios que hoy día son una atracción para los turistas, en especial extranjeros, que llegan impulsados por el puñado de series de televisión, libros y películas que se han hecho de la vida de este criminal, abatido el 2 de diciembre de 1993.

“Los turistas han ido cambiando por épocas. Cuando salió la serie (colombiana) ‘El patrón del mal’, los que más venían eran mexicanos, argentinos, chilenos y peruanos. Después, cuando empezó ‘Narcos’, de Netflix, empezaron a venir brasileños y estadounidenses, estos últimos son los que hoy en día más van al tour”, explica Oscar Cantor, vocero de una de las agencias que ofrecen un recorrido por los lugares que Escobar marcó en la cálida ciudad.

Hace 25 años, sobre un techo,  terminaba la vida del narco Pablo Escobar

A la alegría de la gente, su famosa amabilidad y ese acento cantado de los “paisas” se suman visitas a la Hacienda “Nápoles”, donde Escobar construyó un zoológico con fauna africana o la llamada “Catedral”, una cárcel donde el capo vivía con todo tipo de comodidades y que hoy es un lugar de reposo de ancianos. Los recorridos, que también incluyen la tumba del mafioso, se pueden hacer desde cuatro horas hasta seis días. El precio va desde los 50 hasta los 800 dólares.

Camisetas y souvenirs en una tienda de la calle Junín de Medellín. DPA

Camisetas y souvenirs en una tienda de la calle Junín de Medellín. DPA

Iván Fiuza, un brasileño que hizo el “narcotour” por Medellín, recuerda que la empresa del tour se llama “Don’t say his name” (no digas su nombre), lo que refleja perfectamente la dualidad con la que operan estas agencias: no son ilegales, pero según la administración local tampoco son éticas. “Yo contraté el recorrido desde el hostal en donde me quedé. Iban extranjeros de todas las partes. El conductor del carro era primo de (el pistolero de Escobar, Jhon Jairo Velásquez, alias) ‘Popeye’, entonces claramente tenía su propia versión de la historia y no le gustaba que le hicieran preguntas”, cuenta Fiuza. Esa visión distorsionada de la realidad sobre Escobar, al que le atribuyen miles de muertes, es lo que preocupa a la administración de la ciudad, que ya ha tomado algunas medidas para remediar el asunto, aunque reconoce que las agencias les llevan una buena ventaja.

Imágenes del capo narco Pablo Escobar en una tienda de Medellín. DPA

“Es nuestro deber, como ciudad y como sociedad, contar la historia de manera respetuosa con el dolor y con las víctimas. Tuvimos más de 46.000 muertes violentas entre 1983 y 1994, y permitimos de manera inconsciente que otros se apropiaran del relato de nuestro pasado. Así, la historia se ha contado desde el punto de vista de los victimarios”, explica a dpa el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez.

Los planes de la administración incluyen crear un memorial para las víctimas en donde hoy en día se alza el edificio “Mónaco”, donde vivió Escobar con su familia por varios años y una de las paradas obligatorias de los recorridos para turistas.

La medida es aplaudida por Federico Arellano, hijo de una de las 107 víctimas que dejó una bomba que el capo puso en un avión de Avianca en 1989, queriendo asesinar al entonces candidato a la Presidencia Cesar Gaviria, quien finalmente no había tomado el vuelo.

Arellano, presidente de la fundación “Colombia con Memoria”, critica enfáticamente este tipo de turismo, pues dice que los visitantes “vienen a conocer la vida de un personaje como si fuera un líder y esto es completamente contrario a lo que fue”. Pero de forma distinta piensa Roberto Escobar, hermano de Pablo, quien desde la casa-museo que administra y donde muestra fotos familiares y objetos de “El Patrón” a los turistas, critica que “series de televisión si pueden presentar la historia” mientras que a él lo tildan de decir mentiras. En las calles de la ciudad, Escobar es omnipresente en estampillas, tazas, camisetas, llaveros y todo tipo de souvenirs que son elaborados por comerciantes informales. Según datos de la administración local, en los pasados dos años y medio a la ciudad han llegado 1,9 millones de visitantes, pero no todos impulsados por conocer la historia del narco.

Fuente: DPA