Opinión: Elogio de la militancia

Por Alejandro Grimson

En todas las épocas y sociedades humanas hubo seres mucho más preocupados por el destino colectivo que por su futuro personal. Seres con sueños, ilusiones, fantasías de un futuro menos injusto, con menos disparidades, con mayores derechos. Todos los derechos y cada uno de ellos han sido deseados, ansiados, reivindicados, luchados. Colectivamente. Sin esa lucha, no existiría ninguno de ellos. Sin militancia social, cultural y política, todos los derechos que hoy existen se irían apagando, uno a uno, más lenta o más vertiginosamente.

Son los imprescindibles. Por eso también siempre quieren extirparlos. Son los que tienen vidas y desventuras personales, problemas familiares y laborales, como todo el resto de los humanos. Pero que nunca, ni siquiera cuando se frustran, ni siquiera cuando no le encuentran la vuelta, ni siquiera cuando desean mandar todo al demonio, ni siquiera cuando sienten que sus dirigentes no están a la altura, nunca consiguen dejar de pensar en el futuro colectivo.

Han existido y existen los más diversos compromisos. Si es militancia, es una pasión interesada por la sociedad, por la comunidad. No es un empleo, aunque se puede militar desde el trabajo. No es un salario, aunque en las democracias modernas siempre hay mecanismos de financiamiento público de la política. Utilizar la tergiversación de la militancia para atacar el compromiso político de una sociedad es un acto despolitizador. Uno de los actos con mayor violencia simbólica que puede provenir de las altas esferas del Estado.

Mientan, mientan, mientan. Un día, más temprano que tarde, la sociedad inventará nuevas ilusiones y vendrán nuevos vientos que llevarán a un elogio colectivo de la militancia.

Alejandro Grimson

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