La Cámara de Diputados de la Provincia, a través de la Dirección de Extensión Cultural, conmemoró el Día Nacional por la Memoria, la Verdad y la Justicia, por cumplirse 43 años del golpe militar del 24 de marzo de 1976. El acto contó con las ponencias de la Dra. Adriana Mercado Luna,  el historiador Roberto Rojo, y un recital poético a cargo Héctor David Gatica.

En la ocasión se homenajeó la figura de los mártires de la iglesia riojana que están prontos a ser beatificados, en razón de haber entregado su vida por defender la causa de los habitantes más humildes y postergados de nuestra provincia.

En el acto estuvieron presentes las autoridades del Bloque Justicialista, diputados Hugo Páez, Uriel Vargas, e integrantes de la mencionada bancada; los diputados Renzo Castro, Elio Díaz Moreno; los legisladores del interbloque opositor; Alfredo Brígido, Sonia Torres, y Gustavo Galván. También estuvieron presentes el Secretario de Derechos Humanos, Delfor Brizuela, los legisladores mandato cumplido Ada Maza y Nicasio Barrionuevo, y directores de áreas que componen la Función Legislativa.  

En el comienzo, la  Dra. Adriana Beatriz Mercado Luna, abogada, especialista en Derechos Humanos y Delitos de Lesa Humanidad realizó la disertación sobre las instancias más destacadas de los juicios por los asesinatos de los sacerdotes Carlos de Dios Murias y Gabriel Longeville.

Mercado Luna agradeció a la Cámara de Diputados por la invitación, “y por supuesto, a los señores diputados que aprobaron este evento. El tema que nos convoca es la figura de los mártires riojanos. Yo como simple abogada en lo que puedo contribuir es contar lo que sé de la causa de Carlos y Gabriel, como les decimos todos, porque participé como querellante junto con otras colegas. “

La abogada aseveró que “los sacerdotes fueron perseguidos por su pertenencia a la pastoral de Monseñor Angelelli, la que fue calificada de marxista y subversiva por la dictadura militar, simplemente por tener una visión más humanista, basada en los principios del Concilio Vaticano II, profundizada en las Conferencias de Puebla y Medellín. En definitiva, propiciaba una iglesia más cercana a los más necesitados y a los pobres. Eso le valió el mote de marxista, tanto a Angelelli como a su pastoral y de ahí la fuerte persecución que sufrió, la que no sólo se dio durante la dictadura sino que se inició mucho antes, aproximadamente en 1972.”

Adriana Mercado Luna sostuvo que se trató de “una campaña pública ensañada en la difamación contra Monseñor Angelelli y su pastoral. En este contexto, Carlos y Gabriel comienzan a ser perseguidos ya producido el golpe de 1976. Se los controlaba y perseguía a través de labores de inteligencia realizadas por personal policial de Chamical. Les grababan las homilías, especialmente las del padre Carlos, que era joven, tenía un carácter muy vehemente, optimista y valiente. No dudaba en acusar las injusticias que advertía en muchos sectores de la población de Chamical, en especial los hacheros y los peones rurales, eran la mayor preocupación de Carlos y Gabriel. Esta persecución se hacía manifiesta cuando en numerosas oportunidades los sacerdotes eran llamados a la base de Chamical para declarar durante largas horas y las preguntas solían estar enfocadas en Angelelli y su pastoral.”

La Dra. Mercado Luna relató pormenorizadamente los hechos que desembocaron en las muertes de Carlos Murias y Gabriel Longeville, el 20 de julio de 1976, y luego la de Monseñor Angelelli acaecida el 4 de agosto del mismo año.

La abogada destacó la actitud de la Iglesia Católica por “la decisión de beatificar a Monseñor Angelelli, a Carlos y Gabriel, y a Wenceslao Pedernera, la que muy pronto se va a llevar adelante acá en la ciudad capital y que es una ceremonia muy cara a los sentimientos de gran parte de la sociedad riojana. Si bien todos han sido declarados mártires, el camino de la justicia todavía no ha terminado, porque está en trámite la causa por el asesinato de Pedernera, que también como los sacerdotes fue acribillado a balazos por tres personas que se presentaron en su casa en Sañogasta.”

“Nos permitimos exhortar a la justicia, para que esta causa termine con una condena, como así también nos permitimos exhortar para que todos los juicios de lesa humanidad que se lleven a cabo en nuestra provincia y en el país, puedan llevarse a cabo sin inconvenientes y con rapidez, para que podamos así saldar esta deuda que tenemos con este pasado trágico de nuestro país”, afirmó la Dra. Mercado Luna en el final de su exposición.

Seguidamente, tomó la palabra el gran poeta de los llanos, Héctor David Gatica y relató algunas experiencias vividas durante los años que sucedieron al golpe militar de 1976. “En Villa Nidia, bajo un quebracho, enterré 4 libros inéditos. La Carpeta Vacía, referido a un año de mi vida en una villa miseria donde trabajé como docente cuando recién llegaba a la Argentina la obra de Paulo Freire. Otro libro era mi diario, que entonces tenía 600 páginas, y hoy han pasado las 2 mil. Un tercer libro, País Desvelado, que ya va anticipando lo que se venía. Y el cuarto es Los Días Insólitos, que hubiera preferido no escribirlo nunca. Como decimos en la Cantata: “Más allá de la flor y el colibrí…” Me hubiera gustado seguir cantando a la flor, al colibrí, pero entiendo que un artista debe dar testimonio de su tiempo. Y era un tiempo terrible.”

David Gatica contó anécdotas y citó algunos escritos de quienes fueron sus influencias en aquella época, grandes escritores como Ricardo Mercado Luna, Domingo Oroná, Humberto Pereira, Ariel Ferraro y Daniel Moyano, con quienes Gatica intercambiaba lecturas.

Por su parte, el Profesor Roberto Rojo, autor de “Angelelli, la vida por los pobres” su libro próximo a reeditarse, agradeció la invitación a la Cámara de Diputados, e indicó que “publiqué el libro de Angelelli en el 2001 y terminaba con una pregunta: si efectivamente vivía en el pueblo, en la gente, o si lo habían matado. En esa época se cumplían los 25 años de la muerte del Obispo y no era tan masiva la adhesión. Hoy han pasado 18 años de la edición del libro, y 43 años de su asesinato, y han pasado cosas en el medio, y hay un cambio de perspectiva que nos permite concluir algunas cosas.

Roberto Rojo señaló la presencia de Jorge Bergoglio, el Papa Francisco “que es fundamental. Se conocen con Angelelli el 13 de junio de 1973, cuando Bergoglio y otros 4 o 5 jesuitas desorientados querían cambiar el Provincial de su orden, y estaban perdidos, teológicamente, socialmente. Buscaban alguien que les predique un retiro espiritual, y eligieron a Angelelli, porque era un referente. Y ese día 13 de junio fue el de la mayor humillación pastoral de Angelelli, cuando lo expulsan de Anillaco, a pedradas, insultos, y ahí lo conoce Bergoglio. Así, durante esa semana, Angelelli les baja línea. Ahí yo creo que Bergoglio vio un santo, no necesariamente al mártir que después fue, sino que ahí ve a un hombre que hace lo más difícil, que es llevar una correspondencia entre lo que se dice y lo que se hace.

Rojo citó a Mario Santucho quien decía que “en las revoluciones se gana o se muere, y es así- Vos no podés ser revolucionario ahora, te vas a Europa, volvés y seguís siendo revolucionario. Tampoco se trata de morir físicamente. Mujica, por ejemplo, y sus compañeros ex Tupamaros, estuvo 12 años preso, pero ellos se reinventan. Ya no son aquellos guerrilleros que querían cambiar el sistema, se reinventan, digamos… Se cumple esa sentencia de Santucho.

El Profesor Rojo hizo una definición del rol del historiador, “la diferencia que hay entre el trabajo de un historiador y el de los jueces es que estos últimos dictan sentencia, llegan a una conclusión, mientras que el historiador junta elementos y los pone a disposición del lector para que este saque sus conclusiones. Pero el trabajo que hicieron con la investigación es absolutamente impecable”, y concluyó afirmando que “toda la subtrama del accidente de Angelelli tan sólo sirvió para tapar lo que estaba logrando, que era llevar el Concilio Vaticano II a la realidad, de alguna manera. Esa subtrama buscaba que no se vea lo revolucionario de su accionar. Pero la vigencia de Angelelli está presente, su opción por los pobres fue inequívoca.”