La referencia que hizo Mauricio Macri sobre José de San Martín es mucho más que una jugada oportunista de campaña.
Es una gravísima falta de respeto primero a San Martín, luego a la historia argentina, y también al pueblo.

¿Por qué, es para tanto?
Es eso y mucho más. Porque el “sí se puede” puede servir para cualquier cosa. Se puede cruzar la cordillera, se puede liberar a medio continente, pero también se puede destruir o entregar a la Patria, como hemos visto en estos cuatro años.
Es una frase vacía, debería aclarar qué se puede.
Lo profundo es que Macri representa la antítesis de San Martín.

¿Cómo que la antítesis, no será exagerado?
Lo que pasa es que Macri habla del cruce de Los Andes, nada más. Eso han hecho sistemáticamente las clases dominantes, vaciarnos de contenido la historia, vendernos un San Martín meramente militar, el que cruzó Los Andes, el genio de la estrategia, el magnánimo, el sacrificado. Y nada más. Nunca nos hablaron del San Martín político. Porque le tienen miedo, porque San Martín los combatió. No combatió solamente a los realistas, combatió también a la clase dominante de lo que después sería la Argentina.

Pero siempre nos enseñaron que San Martín nunca se metió en política…
Claro, eso es lo que dice Macri recluyendo a San Martín al cruce de Los Andes.
Pero la realidad es que San Martín siempre se metió en política.
Un 8 de octubre de 1812, San Martín se plantó con sus cañones apuntando al Cabildo e hizo caer al Primer Triunvirato, donde gobernaba desde las sombras Bernardino Rivadavia, el representante de los intereses del Imperio Británico en el Río de La Plata. Y hace caer a ese Primer Triunvirato, para que asuma el Segundo Triunvirato.

¿Qué había hecho tan mal el Primer Triunvirato?
Ya la Junta Grande había borrado todo lo bueno que había hecho la Primera Junta. Por ejemplo, la Junta Grande en 1811 autoriza la libre exportación de oro y plata (fuga de divisas, como hoy). Eso produce descapitalización e inflación.
Luego, el Primer Triunvirato permite la importación de carbón europeo y rebaja los derechos aduaneros a los tejidos. Resultado: destrucción de las economías regionales del interior. Llegó un momento en que el gaucho se vestía de pies a cabeza con productos ingleses, desde las botas al sombrero, pasando por el chiripá y hasta el poncho.

¿También como ahora?
Claro, Macri es la continuidad histórica de Rivadavia, el acérrimo enemigo de San Martín.
Después del Cruce de Los Andes, ese poder central de Buenos Aires llama a San Martín para que combata a los montoneros artiguistas (Pancho Ramírez y Estanislao López) pero San Martín desobedece y no va, porque ya está preparando su expedición para liberar al Perú. Esa también es una toma de posición política. Porque gracias a esa desobediencia, los artiguistas arrasan a los unitarios-liberales en la Batalla de Cepeda en 1820.
Nunca se lo van a perdonar a San Martín.
Al punto que cuando vuelve del Perú, quiere quedarse a cultivar su chacra en Mendoza, pero Rivadavia lo hostiga, le manda espías, le interceptan la correspondencia, le organizan tres atentados para matarlo que por suerte fallan, y finalmente, lo mandan al exilio.
Una vez en el exilio, el 20 de setiembre de 1824 Rivadavia le escribe a Manuel García en una carta: “El general San Martín está lejos de la Patria, y eso es lo mejor que podía pasarnos”.
Los antecesores de Macri lo odiaban por razones políticas.

Era un populista…
Así le dirían hoy. Pero sí, un progresista, un productivista, un proteccionista.
Una de las primeras fábricas del país es la de armas blancas que él potenció en la estancia jesuítica de Jesús María.
Luego en Mendoza gobernó dos años, desde agosto de 1814 hasta setiembre de 1816. Hizo un gobierno ejemplar, repartiendo tierras entre los campesinos, recuperando el sistema de riego por acequias de los huarpes, potenciando la vitivinicultura, creando más fábricas, sobre todo de armamento para su ejército, creando bibliotecas, caminos, catastro, potenciando la producción y protegiéndola de la importación.
A eso hoy le dirían populismo.

Por todo eso, Macri es Rivadavia. Y no se parece ni un poquitito a San Martín, ni a Belgrano.
¿Ves, la grieta no es nada del otro mundo? Es sólo una forma de vivir y mirar el mundo. La historia nos enseña mucho del presente. Que no te engañen más.