Todos los 7 de noviembre los vendedores del diario en las calles celebran su día con una jornada de descanso. Si bien este oficio tuvo sus orígenes en el siglo XIX, fue recién en 1947 que comenzó a celebrarse la fecha en memoria del dramaturgo uruguayo Florencio Sánchez, autor de la obra teatral «Canillita».

Este jueves se conmemora el “Día del Canillita” y, como en el resto del país, los vendedores de diarios de la provincia tendrán una merecida jornada de descanso, motivo por el cual diario EL INDEPENDIENTE no estará en la calle.

Este antiguo oficio tiene sus orígenes en el siglo XIX cuando el abogado Manuel Bilbao y José Alejandro Bernheim fundaron en la ciudad de Buenos Aires el diario “La República”. A ellos se les ocurrió que la venta de ejemplares, que hasta ese momento se conseguían por suscripción o se compraban en la imprenta, podía ser a través de un vendedor que se parara en esquinas estratégicas de la ciudad, como era costumbre en Nueva York y en otros puntos del mundo. El costo de pagarle al diariero era menor al del correo y así la gente podía tener el ejemplar en el momento.

A partir de aquel enero la gente comenzó a escuchar pregoneros en las esquinas al grito de “¡La República, a un peso!”. Tan grande fue el éxito que la competencia copió el sistema de inmediato. Así surgió un nuevo oficio, aún sin nombre, conformado por cientos de niños y jóvenes que se ofrecían a vocear los títulos en la calle para vender la noticia fresca.

La novedosa táctica se hizo famosa y pronto comenzó a replicarse en todas las ciudades, y con el tiempo aparecieron los primeros puestos callejeros fijos.

De pantalón corto y piernas delgadas

“Soy Canillita, gran personaje, con poca guita y muy mal traje; sigo travieso, desfachatado, chusco y travieso, gran descarado; soy embustero, soy vivaracho, y aunque cuentero no mal muchacho. Muy mal considerado por mucha gente, soy bueno, soy honrado. No soy pillete, y para un diario soy un elemento muy necesario”. Así se desarrolla la segunda escena de la obra teatral “Canillita”, un sainete de tres cuadros escrito por el dramaturgo y periodista uruguayo Florencio Sánchez que describía la personalidad desfachatada de un personaje singular de la vía pública que “voceaba” diarios en las esquinas.

La pieza se estrenó el 1 de octubre de 1902 en el Teatro “Nuevo Politeama” de Rosario. El protagonista, interpretado por una mujer adulta de voz aguda, tenía quince años, había sido criado en hogar humilde y trabajaba vendiendo diarios en las esquinas. De pantalón corto, piernas largas y delgadas, dio bautismo a un oficio mítico: el de canillita.

En la jerga rioplatense el término “canillita” fue acuñado para referenciar a la tibia, el extenso hueso que conecta las articulaciones del tobillo y la rodilla, esa parte de las piernas que quedaban expuestas en los vendedores de diarios.

La obra de Sánchez se convirtió en un éxito rotundo. Llegó al teatro porteño con una repercusión inmediata y críticas  elogiosas. Tal fue el suceso que entre los artistas y los vendedores de diarios organizaron una función gratuita y exclusiva para los canillitas. La cita fue en el Teatro “Comedia” de la calle Carlos Pellegrini. Según destacan los documentos de la época, la sala colapsó y aquella función fue la coronación del sentimiento popular. Canillita había representado con solvencia y frescura la naturaleza del oficio. El término se perpetuó.

En la calle cada día

En el Día del Canillita, que se estableció en honor del dramaturgo Florencio Sánchez, fallecido el 7 de noviembre de 1910, Medios El Independiente entrevistó a José Figueroa y a Erminia Silvestre, quienes hace más de 20 años venden diarios en las calles de la ciudad.

“Comencé como canillita a los 15 años cuando me independicé de mi familia, como era menor no podía acceder a un trabajo formal    que me ayudara para pagar el alquiler entonces mi padre, que por ese entonces también vendía diarios pero por temporada, me sugirió que me dedicara a este oficio”, comentó José.

Con más de 25 años como canillita expresó que “de a poco fui aprendiendo a vender, me levantaba a las 4:30 de la mañana y andaba hasta la una del mediodía, primero repartía en los domicilios, en algunos barrios, y a las seis de la mañana ya estaba en esta esquina donde estoy ahora, en Belgrano y Pelagio B. Luna”.

“Ahora que la venta de diarios bajó un poco hago el reparto y acá vengo desde las 7:30 hasta las 12, estoy de lunes a viernes y los fines de semana vendo ejemplares por la zona de los barrios San Martín y El Cardonal”, indicó.

Asimismo José detalló que “entre los canillitas nos conocemos, tenemos buena relación, para evitar gastos con los compañeros nos turnamos para retirar los ejemplares del diario de la planta impresora, a ellos los saludo en este día, en especial al ‘Ruso’, ‘Pasculi’ y ‘Turi’ y a todos aquellos que continúan con este trabajo que es tan sacrificado, porque hay que andar aunque llueva o esté frío, los fines de semana e incluso los feriados”.

Por su parte Erminia, quien llegó a la provincia desde Perú con su familia en busca de trabajo, manifestó que “uno de mis hijos trabajaba aquí vendiendo diarios en la esquina de Facundo Quiroga y Copiapó, ahora los reparte entre sus clientes fijos”.

“Yo trabajé en casas de familia y también soy canillita desde hace 22 años, siempre estuve en el centro, caminaba desde las cinco hasta las ocho de la mañana, repartía los diarios en comercios y en algunos domicilios, ahora tengo un puesto fijo en la esquina de peatonal 9 de Julio y San Nicolás de Bari”, resaltó la entrevistada.